Mircoles 28 de junio de 2017


Actividad

Visita a la Alhambra: Arte Islámico "In situ" - 12/11/2012

Crónica por JIMÉNEZ SÁNCHEZ, María: A pesar de las malas expectativas que teníamos frente a la previsión metereológica para este dia y lo abrigados y preparados para tales condiciones, no sólo no diluvió sino que tuvimos un sol espléndido que, a más de uno, nos hizo quitarnos alguna que otra capa de ropa. Por tanto, ya teníamos esa sonrisilla de “medio lao” que nos auguraba un buen día. Pero lo que no sabíamos era que esa sonrisa iba a crecer de oreja a oreja hasta el final de la jornada, tanto por la maravilla que teníamos ante nuestros ojos como por el buen rato que compartimos todos juntos. Sé que pensaréis que es algo normal para cualquier persona que desconozca la Alhambra y vaya a conocerla, y no tan normal para aquellos que sí la conocemos de muchas otras veces, como es mi caso. Pero he de deciros que me pregunto quién se sorprende más, ¿el que conoce por primera vez la Alhambra, o quien ya la creía conocida y se vuelve a sorprender? Nuestro recorrido y entre las cosas que vimos encontramos: la Puerta de la Justicia, la Puerta del Vino, el Patio de Machuca, El oratorio, patio y sala dorada del Mexuar, el Patio de Comares o de los Arrayanes, Sala de la Barca, Salón de los Embajadores, Sala de los Mocárabes, los baños privados de Comares ( a los que no pudimos acceder), el Patio de los Leones (donde pudimos inmortalizar el momento con una foto de grupo mientras nos sorprendió la lluvia durante unos minutos) , Sala de los Abencerrajes, Sala de los Reyes, Sala de las Dos Hermanas, las habitaciones del emperador Carlos V (donde se encuentra una habitación en la que se podía ver una placa que indicaba que el escritor inglés Washington Irving escribía sus cuentos de la Alhambra), Peinador de la Reina, Patio de la Reja y Lindaraja… y pasando por la Rauda y el Palacio de Yusuf III, llegamos al Palacio de Carlos V. Al salir de éste nos tomamos un descanso: café, tentempié y recarga de pilas. A continuación, nos dirigimos a los baños árabes situados junto a la Iglesia de Santa María de la Alhambra (construida sobre la Mezquita Mayor ), en los cuales, y como curiosidad, entramos lloviendo y salimos con un sol radiante y abrasador que ya nos acompañó hasta el final de nuestra ruta. Siguiendo por ella, llegamos al Parador de la Alhambra, antiguo Convento Franciscano, donde , ahora separados en dos grupos, nos hizo una visita guiada Patricia, subdirectora de este hotel, quien, muy amable, nos enseñó y explicó la historia y transformación del mismo, así como detalles tales como precios de las habitaciones y personalidades conocidas que allí se habían alojado o reservado mesa, desde Antonio Banderas a el mismísimo presidente de los Estados Unidos. Seguidamente nos dirigíamos a nuestro último tramo de la visita a la Alhambra: el Generalife, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En el camino pudimos observar el árbol centenario por antonomasia de esta zona, el cual está protegido por Medio Ambiente. Por tanto, no se pueden hacer excavaciones a su alrededor. Así se explica que se encuentre elevado en una pequeña colina, frente a los demás restos que se han encontrado a su alrededor. Esta protección del árbol y por consecuente, prohibición a los arqueólogos a trabajar aquí, hace que no podamos saber aún con seguridad lo que debajo de él se encuentra, dándole un toque misterioso y enigmático a este “viejo” que parece tenernos en espera por mucho más tiempo. Desde el mismo punto, pudimos observar la Puerta de los Siete Suelos, de los cuales solo se han encontrado cuatro. Por esta puerta, Boabdil abandonó la Alhambra , cuando los Reyes Católicos la conquistaron, sin hacer aviso de ello ni dar cuenta a nadie. Podríamos decir así, que el sultán se fue a la francesa. Como anécdota al principio del Generalife, nos encontramos con dos personas que estaban dormidas profundamente en un banco como si no hubiesen dormido en toda una semana, pues a pesar de pasar por allí un grupo tan numeroso como el nuestro, ellos no hicieron cuenta de lo que allí pasaba. Continuando por los jardines del Generalife, llegamos a la zona donde podíamos observar las torres de Cadí, la Torre de la Cautiva y Torre de las Infantas, para dirigirnos al final de nuestro recorrido, las Torres Bermejas. Llegados a este punto, nos encontramos con el hándicap de no poder entrar a éstas, debido al límite de tiempo que en las entradas digitalizadas hay, pasándonos aproximadamente unos 8 minutos de las 14:00h, hora a la que finalizaba la validez de nuestras entradas. Pero como todo tiene un lado positivo en la vida, esto hace que podamos volver otro día para poder empaparnos bien del Generalife y de Torres Bermejas, en la colina del Mauror, a lo que estamos encantados todo el grupo. Por tanto, aquí finalizó nuestra ruta, pero no nuestro día. El broche lo puso el tapeo que en la Plaza del Príncipe pudimos disfrutar todo el grupo junto con nuestras profesoras que nos acompañaban, Bea y Elena, y nuestra encantadora guía, María, a la que le debemos la maravillosa experiencia de la Alhambra. Para finalizar, decir que la Alhambra nos sorprende cada vez que vamos. Que la ciudad palatina no se conoce ni se termina de conocer nunca, puesto que la Alhambra tiene un sinfín de detalles, secretos, misterios y anécdotas que salen de sus rincones a montones sin saber cuál va a ser la siguiente. Es lo que la hace tener un atractivo sin límite, un enganche inigualable que nos motiva a ir y a negarnos cada vez que nos llega a nuestros oídos la palabra Alhambra a escuchar con atención. Decir que me desborda el orgullo de ser “granaína” por haber nacido en una ciudad donde se encuentra tal maravilla del mundo, se queda pequeño. Y es que ya lo decía el refrán: “ Dale limosna mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada”